Reseña de Calibán y la bruja de Silvia Federici

“Somos las nietas de las brujas que no pudisteis quemar”

No llegamos a los libros por inspiración divina, llegamos a través de otros libros. Es parte de la magia de la literatura, que sugiere otras lecturas, autores, temáticas, enfoques… el conocimiento se construye igual, a través de otros conocimientos previos que sirven de apoyo para llegar a nuevos niveles que desbloquean otros conocimientos. Como un gran videojuego del conocimiento y la literatura. Pues así llegué yo a Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria de Silvia Federici editado en castellano por Traficantes de sueños. Su primera edición en castellano es de 2010, aunque el libro se publicó originalmente en 2004. Ya está consolidado. Estoy leyendo un clásico del feminismo marxista. La entrada a este libro la hice a través del de Linebaugh, digamos que ambos forman parte de la misma corriente investigadora iniciada por Thompson (del que no tardando mucho os traeré otro trabajo). El título del libro alude a Calibán, personaje de La tempestad de Shakespeare, símbolo de los pueblos colonizados y explotados, y a la bruja, figura que representa la represión histórica contra las mujeres que desafiaban las normas sociales. Juntos encarnan las dos caras de un mismo proceso de dominación: la explotación colonial y la subordinación de las mujeres en la consolidación del capitalismo moderno.

Calibán y la bruja propone entender el capitalismo no solo como un sistema económico, sino como un proyecto histórico que reorganizó las relaciones de género, el control del cuerpo y el trabajo reproductivo, elementos fundamentales para la reproducción del sistema. Para alcanzar este objetivo, la autora desarrolla una reinterpretación histórica del surgimiento del capitalismo desde una perspectiva feminista. Silvia Federici sostiene que el paso del feudalismo al capitalismo en Europa (entre los siglos XV y XVII) no puede entenderse únicamente a partir de procesos económicos como la acumulación de capital o la expansión del mercado, sino también a través de profundas transformaciones en la organización social, el control del cuerpo y la subordinación de las mujeres. Federici revisa críticamente el concepto marxista de acumulación originaria, argumentando que este proceso no solo implicó la expropiación de tierras comunales y la formación del proletariado, sino también la reorganización del trabajo reproductivo —la reproducción de la vida, el cuidado y la crianza— que fue progresivamente relegado al ámbito doméstico y asignado principalmente a las mujeres sin remuneración. En este contexto, Federici interpreta la caza de brujas en Europa como un fenómeno central en la construcción del orden capitalista. Según su análisis, la persecución de mujeres acusadas de brujería contribuyó a disciplinar sus cuerpos, controlar su sexualidad y destruir formas de conocimiento y autonomía femenina vinculadas a la medicina popular, la reproducción y las comunidades campesinas.

La lectura del texto resulta especialmente relevante para comprender las formas contemporáneas de violencia —tanto física como simbólica— que siguen afectando a las mujeres. La autora sostiene que estas violencias no pueden entenderse solo como fenómenos individuales o culturales, sino que tienen raíces históricas profundas en la formación del orden social moderno. En su análisis, el paso al capitalismo implicó un mayor control social sobre el cuerpo de las mujeres, visible, por ejemplo, en la persecución de la brujería, interpretada como un mecanismo de disciplinamiento que buscaba regular su sexualidad, su capacidad reproductiva y su autonomía. Desde esta perspectiva, las violencias actuales pueden interpretarse también como expresiones extremas de una estructura histórica de dominación sobre el cuerpo femenino. Al mismo tiempo, el texto permite analizar procesos de violencia simbólica al mostrar cómo, en el contexto de la consolidación del capitalismo, se difundieron representaciones sociales que asociaban a las mujeres con la debilidad, la irracionalidad o la dependencia, justificando su exclusión de numerosos ámbitos de poder y conocimiento. Estas construcciones simbólicas siguen presentes hoy en estereotipos de género, desigualdades laborales, la infravaloración del trabajo de cuidados o discursos que responsabilizan a las mujeres de las agresiones que sufren.

Finalmente, la obra también ayuda a comprender la persistencia de formas de violencia estructural relacionadas con la organización social del trabajo y el control del cuerpo femenino. La desvalorización histórica del trabajo reproductivo y de cuidados (que continúa recayendo mayoritariamente en las mujeres) limita con frecuencia su autonomía económica y social. Asimismo, debates actuales sobre derechos reproductivos, maternidad o medicalización del cuerpo femenino pueden interpretarse como parte de una larga disputa histórica por la autonomía corporal. En conjunto, el libro invita a analizar la violencia contra las mujeres no solo desde una perspectiva jurídica o psicológica, sino también desde su dimensión histórica, social y económica.

En definitiva, estamos ante un título fundamental para entender uno de los mayores problemas sociales de la actualidad y darle perspectiva histórica, política, económica y social. Un título fundamental en una corriente de pensamiento que quiere irrigar la idea de que la desigualdad entre hombres y mujeres no se limita a aspectos culturales o simbólicos, sino que se vincula con las estructuras económicas y sociales del capitalismo. Una idea imprescindible si queremos acabar con el problema. Así que, leamos a Federici, leamos a las feministas marxistas, repensemos sus ideas, extendámoslas y así estaremos luchando por un mundo más justo.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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