Reseña de Galíndez de Manuel Vázquez Montalbán

Reivindiquemos y recuperemos a Vázquez Montalbán

Hace más de un año reseñé Cambiar la vida, cambiar la historia y allí daba las gracias a mi padre por dejarme miguitas en el camino de los buenos escritores. En esa reseña también advertía que ya tenía entre mis manos el libro que hoy reseño, pero no ha sido hasta hace unas semanas cuando me lancé a leerlo. Se trata de Galíndez de Manuel Vázquez Montalbán, editado por Anagrama en 2018. En la foto también aparece la edición de Seix Barral que fue la que heredé de mis padres y que está fechada en 1990 (publicada ese mismo año, mi edición es la cuarta).  La novela fue galardonada con el Premio Nacional de Narrativa (1991) y el Premio Europeo de Literatura (1992) [creo que actualmente se denomina Premio de Literatura de la Unión Europea, y en este blog ya hemos reseñado unos cuantos]. Sospecho que no tardaré en leer los libros de Vázquez Montalbán que andan por casa, de editoriales antiguas, con precios en pesetas y marcas de las lecturas de mi padre; títulos como Asesinato en el Comité Central(este les costó 500 pesetas), La Rosa de Alejandría, El laberinto griego, El Balneario, La soledad del manager -todos estos títulos son de la serie de Pepe Carvalho- y, un volumen de Bruguera que compraron en 1982 en Palafrugell que se titula Tres novelas ejemplaresy acoge Recordando a Dardé, Happy end y La vida privada del doctor Betriu. Qué bonito es heredar libros y qué suerte es heredar buena literatura; especialmente esto último porque no se heredan solo los libros, se heredan comportamientos, afectos, gustos, compromisos, se rumia ideología y, a pesar del tiempo y del espacio, se comparten experiencias sociales. Vázquez Montalbán forma parte claramente de una herencia familiar. Pero vayamos al lío.

Galíndez cuenta la historia de Jesús Galíndez, un representante del Gobierno vasco en el exilio (durante el Franquismo) ante el Departamento de Estado norteamericano. En el verano de 1956 fue secuestrado, torturado y asesinado, y todas las sospechas apuntaron a la mano negra del dictador de la República Dominicana Rafael Leónidas Trujillo. La novela reconstruye el caso mezclando reportaje y ficción: alterna tiempos y escenarios y sigue, en buena parte, la pesquisa obsesiva de Muriel, una universitaria norteamericana que intenta desentrañar qué ocurrió realmente, qué intereses internacionales se cruzaron (servicios de inteligencia, diplomacia, exilio) y por qué el caso permanece lleno de zonas grises. En ese recorrido, Vázquez Montalbán no solo cuenta un misterio, sino que abre una reflexión sobre las cloacas del poder, la violencia política y las complicidades que permiten que ciertos crímenes se borren o se vuelvan “inexplicables” para la historia oficial. ¿Cómo acabó conectado un político vasco con las cloacas de un Estado caribeño? ¿Trabajaba Galíndez como agente encubierto para los servicios secretos estadounidenses? ¿Estaba vinculado a oscuras tramas conspirativas? ¿Fue un héroe idealista o un villano maquiavélico? ¿Cuál era el pasado de ese personaje escurridizo y ambiguo? Estas y otras preguntas son las que Vázquez Montalbán, sin ningún ánimo sistemático, pero incorporando dosis de investigación periodística a la ficción narrativa, utiliza para crear una trama fascinante en la que confluyen el universo del exilio español tras la Guerra Civil, las dictaduras caribeñas y el submundo de los servicios de inteligencia. Señala acertadamente Manuel Vilas en el Prólogo de la edición que “el epicentro moral de esta novela está en la corrosión ética de la democracia estadounidense” y considera que la novela “es una advertencia y un recuerdo de que la libertad siempre está amenazada, de que hay que seguir luchando por la libertad”. El autor se sirve de tres escenarios políticos muy diferentes para tratar estos temas: la dictadura española, la dictadura dominicana y la (secuestrada) democracia americana. Vázquez Montalbán se adelanta a Vargas Llosa en el esbozo a un Trujillo que, sin la brillantez del peruano, nos brinda el capítulo más divertido de todos: es canelita en rama ese interrogatorio de Trujillo a Galíndez.

Escrita en una dificilísima segunda persona, la novela es una gozada tanto en su literalidad como en su dimensión más profunda cargada de intención política y reivindicativa: desde la crudeza, pero sin abandonar el humor. Todo ello da muestra de la inteligencia y el control narrativo de un autor que se está quedando atrás en el imaginario colectivo y que deberíamos luchar por recuperar. Quizás esta humilde reseña contribuya a ello.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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