
Un legado político sobre la importancia de la educación para el desarrollo social
Siempre me resistí a leer este libro. Quizás sea por lo manoseado que está ya en el mundo educativo, porque no hay facultad de educación en España donde no se recomiende a los estudiantes o porque pensaba que no iba a aportarme mucho. Sea como fuere, este año he encontrado la motivación. Seguramente lo utilice en una asignatura (no de Historia de la educación), junto con otros títulos, a mí modo de ver, más interesantes. El caso es que, si lo quiero utilizar en clase, lo tenía que leer. Y aquí estoy, reseñando Historia de una maestra de Josefina R. Aldecoa, publicado originalmente en 1990 y editado desde sus inicios por Anagrama (ahora hay una edición de Alfaguara).
Historia de una maestra cuenta la historia de vida de Gabriela López. Entregada a una profesión que la lleva de pueblo en pueblo, en condiciones casi siempre miserables, Gabriela vive su historia personal (matrimonio, hijos, relación con sus padres, relación con sus compañeros/as e iguales…) sobre el telón de fondo de un periodo decisivo en la historia de España: desde los años veinte hasta el comienzo de la Guerra (in)Civil. El advenimiento de la II República, con sus promesas de grandes cambios y su exaltación del papel de los maestros en la transformación de la sociedad española; la lucha contra la ignorancia y el caciquismo; la revolución de Octubre vivida en un pueblo minero leonés; la violencia y el brutal desgarramiento familiar; la nostalgia recurrente de la única aventura de su vida (su experiencia en su primera escuela en Guinea) todo ello va conformando la vida de una mujer testigo y protagonista de unos hechos que explican en gran parte los sucesos que vinieron después. El libro retrata bien las condiciones sociales, profesionales y políticas en las que se desenvolvieron las maestras y los maestros de principios del siglo XX. Debates como la coeducación, la laicidad o la atención a la diversidad, que hoy en día siguen vigentes ya estaban en el candelero en los años 20 del siglo pasado. Pero el libro es algo más que un retrato educativo. Es también un retrato de las costumbres en los pueblos españoles de principios del siglo XX, el caciquismo, las escuelas de las zonas rurales, la miseria de los trabajadores (especialmente los mineros), la España dividida en dos bandos… Pero, sobre todo, es la historia de una mujer cuya vocación absoluta es la docencia. Una mujer con un sueño. Un sueño individual y otro colectivo, la lucha y las renuncias de los que entregaron su vida para conseguir despertar a un pueblo adormecido transcurren por las páginas de esta novela, que se convierte así en un homenaje a unos personajes olvidados y sin embargo clave en la historia de España: las maestras de la República.
Tengo subrayados algunos pasajes, algunas reflexiones de la protagonista, pero si me tuviera que quedar con dos ideas del libro serían dos frases, para mí lapidarias. La primera la dice el carpintero del pueblo, Amadeo, en una conversación con Gabriela: “si supiéramos más de libros y menos de tabernas, nos engañarían menos y seríamos más felices” (p. 97). Y la segunda, al final del libro, la hace la propia Gabriela en una conversación con su marido, Ezequiel, tras la zozobra del maestro sobre las promesas incumplidas de la II República, “nuestra revolución está en la escuela. Tú sabes muy bien que no se puede salvar a un pueblo ignorante” (p. 229). Cultura y educación para que las clases populares salgan de su ignominia, para que sean dueños de su presente y de su futuro. Cultura y educación para todos.
No se trata de un libro inolvidable. Quizás sí lo sea porque es muy recurrente, pero desde luego su aportación a la literatura patria no es importante. Su importancia radica en el testimonio, en el foco en las maestras de principios de siglo, su hincapié en la importancia de la formación crítica y política para desarrollar una labor profesional docente consciente y emancipadora. Ahí está la virtud de Aldecoa y ese es su principal legado literario.
¡Nos vemos en la próxima reseña!
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