Reseña de El maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov

Una sátira sobre el poder y la vida moderna escrita con “maestría”

Hay libros que tarde o temprano voy a leer. Eso pensaba cuando me cruzaba con El maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov en las estanterías de cualquier librería. Nunca tuve prisa por sentarme con el diablo y pasear con él por Moscú. Sabía que en algún momento de mi vida me pondría cómodo y cogería entre mis manos la traducción de Marta Nebot, actualizada en 2020 por la editorial Navona. Estamos ante un icono de la literatura rusa (ahora ucraniana) del siglo XX. Quizás no reconozcamos a Bulgákov en el top 3 de autores rusos, pero es que no hay quién baje de ese pedestal a Tolstoi, Dostoievski o Chejov. De hecho, si hay que sacar a Chejov solo aspiraría al trono Nabokov, nunca Bulgákov (y sí, estoy dejando fuera a Pushkin, a Gogol o a Gorki, de los que no he leído nada aún). Bulgákov comenzó a escribir la novela en 1928, pero él mismo la destruyó (según el testimonio del propio Bulgákov, quemándola en un horno) en marzo de 1930. Recomenzó la obra en 1931 y siguió puliéndola hasta su muerte en 1940. Su cónyuge, Elena Bulgákova, la terminó entre 1940 y 1941. Esta peculiaridad apenas puede ser percibida por el lector ocasional, excepto quizá en el último capítulo de todos, que se lee como notas sobre el modo en que los principales personajes vivían en la imaginación del autor. Destaca la editorial que la actual nueva traducción de Marta Rebón parte de la edición canónica de Marietta Chudakova, y le agrega nuevas aportaciones fruto de la investigación de los últimos dos años de nuestra traductora. Pero, más que esta exaltación de la editorial, me interesa la valoración que haga de la traducción @idazle, referente instagramero indiscutible sobre comparativas de traducciones al castellano. De antemano diré que la cantidad ingente de notas a mí me han completado bastante bien la novela, y las he agradecido prácticamente todas. En Revista de Libros, Olga Korobenko alaba la traducción de Rebón en un análisis bastante exhaustivo de la misma.

El Maestro y Margarita arranca una tarde de primavera en la que el Diablo, en el libro se llama Woland (la W como contrario a la M de Margarita, todo en este libro está medido), arrastrando el fuego y el caos a su paso, sale de las sombras hacia Moscú. La sátira fantástica, divertida y devastadora de la vida soviética, que nos brinda Bulgákov, se combina en dos partes distintas pero entrelazadas, una ambientada en el Moscú de los años treinta del siglo XX, y otra en la antigua Judea del siglo I, cada una llena de personajes históricos, imaginarios, espantosos y maravillosos. Escrita durante los días más oscuros del reinado de Stalin, y finalmente publicada en 1967, El Maestro y Margarita se convirtió en un fenómeno literario que trasciende lenguas y fronteras. La novela invita a reflexionar sobre el bien y el mal, la inocencia y la culpa, el valor y la cobardía, la responsabilidad hacia la verdad cuando la autoridad la niega y la libertad de espíritu en un mundo que no es libre. El amor y la sensualidad son temas dominantes; el amor que Margarita siente por el Maestro la conduce a abandonar a su marido, pero emerge victoriosa y no acaba bajo un tren (como Anna Karenina) y la sensualidad que palpita entre Margarita y Woland y que el autor traza con maestría: la conquista del lado oscuro, la sumisión de Margarita, la notable presencia de Woland y su indiscutible sex appeal… todo esto Bulgákov lo hace a las mil maravillas.

Los expertos señalan, y Rebón hace referencia a ello a través de las notas, que la novela está muy influida por el Fausto de Goethe y la Comedia de Dante. De esto no nos daremos cuenta en una lectura lega como la de la mayoría de los lectores. Sin embargo, hay que reconocer que arte de la brillantez de Bulgákov estriba en la maestría para trazar diferentes capas de sentido y significado en la novela. Se puede leer como simples trastadas del Diablo y sus secuaces, como profundas alegorías filosóficas o como una punzante sátira sociopolítica y crítica (no sólo del sistema soviético, sino de toda la superficialidad y vanidad de la vida moderna en general). Tengo que reconocer que las novelas que permiten diferentes lecturas son mis favoritas. Podríamos decir que son “novelas Simpson” que depende de quién la lea va a ser capaz de llegar a su núcleo y gozarla o quedarse en la superficie y pasar ratos muy divertidos. Como veis, El maestro y Margarita es una garantía de éxito. Solo hay que tener paciencia y buena predisposición a los libros extensos (no llega a ser un tocho, son 500 páginas sin notas y 550 con ellas). Si os gustan los autores rusos, si disfrutáis con las novelas que esconden lecturas tras las meras palabras, si sentís atracción por el lado oscuro de la fuerza y si sois lectores avezados (y lectoras avezadas), entonces El maestro y Margarita es un libro que no debéis perderos.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

¡Y cuidado con los parques moscovitas, los carga el Diablo!

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