Reseña de La voz del violín de Andrea Camilleri

Visitar Italia de la mano de Camilleri siempre es un buen plan

Cada cierto tiempo intercalo entre mis lecturas una novela del comisario Montalbano. El sentido del humor y la capacidad para trasportarnos al ambiente siciliano tranquilo, a caballo entre lo rural y lo urbanita, convierten las novelas de Andrea Camilleri en un recurso muy apetecible entre lecturas sesudas. Como ya he comentado en otras reseñas de esta colección, las entregas del comisario Montalbano son unas lecturas sencillas, ágiles, entretenidísimas y muy recomendables para épocas de agotamiento lector o de mucho jaleo vital, pues sin exigir al lector, le mantienen pegado a la historia. En esta ocasión os traigo la cuarta entrega de la colección, La voz del violín, publicada originalmente en 1997 y ahora editada por Salamandra con las –ya halagadas en entregas previas– portadas de Riki Blanco.

En esta entrega, la aparente paz siciliana se ve truncada por el asesinato de una mujer desconocida, que Montalbano descubre de fortuitamente. Tras las primeras pesquisas, se trata de una joven hermosa, casada con un médico boloñés, aparece asfixiada en el chalet de ambos en una escena del crimen en la que nada encaja. Pocas pertenencias la acompañaban, y nada parece explicar el móvil del crimen, salvo un desapercibido y misterioso violín guardado en su estuche. Su bolsa de joyas se ha esfumado y todas las miradas se centran en un pariente desequilibrado que ha desaparecido la misma noche del crimen. Montalbano, con su parsimonia habitual, inicia la investigación. No cree a nadie, no se fía de nadie. Transitando los límites de la legalidad, como es su costumbre, Montalbano ha de relacionarse y pactar con los elementos más indeseables y abyectos del hampa, iniciando un viaje a lo más oscuro del alma humana, en el fondo, su territorio predilecto. Será el rastro de unas transferencias y las deudas de un coleccionista de arte las que acercarán a Montalbano a la verdad. Eso sí, sin perder su carácter escéptico, irónico, amable y leal con sus amigos; características todas estas que hacen que el lector se encariñe con el protagonista y estemos deseosos de otra entrega para seguir disfrutando de su intuición y su buen gusto por el vino y los platos de su asistenta, la ya indispensable Adelina.

Leed a Montalbano sin que os limite el orden de las novelas, no es tan importante. Leedlo porque entretiene, porque engancha, porque es divertido, porque las tramas están muy bien construidas, porque Camilleri te va enseñando piezas sin mostrarte los avances del mapa general, porque el humor inteligente de Montalbano es magnético y porque visitar Italia a través de Camilleri siempre es un buen plan.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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