Reseña de Zama de Antonio Di Benedetto

Una de las grandes novelas existencialistas latinoamericanas

En mis andaduras por librerías porteñas descubrí a Antonio Di Benedetto y, por ende, a la editorial Adriana Hidalgo. Me quedé con el toque, ¿por qué Di Benedetto ni me sonaba? Tuve que esperar hasta la Feria de Editores para acercarme al stand de la editorial y comprar Zama. La novela se publicó en 1956 y está considerado un clásico de la literatura latinoamericana. Cada vez estoy más convencido de que desconozco mucha más literatura de la que manejo. Es un territorio inabarcable y fundamentalmente ignoto para mí. Esto me genera cierta ansiedad, pero lo llevo bien, tengo mucho margen de mejora y esto -lejos de ser algo limitante- es una suerte.

La novela narra la vida solitaria y progresiva degradación de don Diego de Zama, asesor letrado en una gobernación marginal, nunca identificada, del virreinato del Río de la Plata. Funcionario nombrado por el rey, espera la carta que autorice su traslado a Buenos Aires o a Santiago de Chile. Dice Zama en la novela, “Perú seguía en la línea de mis aspiraciones; lo más codiciado, como culminación, España”. Zama nos habla de muchas cosas, pero quizás la más relevante sea la espera, la espera inútil, “me pregunté, no por qué vivía, sino qué había vivido. Supuse que por la espera y quise saber si aun esperaba algo. Me pareció que sí. Siempre se espera más”. Patricia Kolesnixov escribe en Clarín que “mirado desde afuera, uno sabe que lo que Zama debe hacer es aceptar la derrota y pegar la vuelta. Que el ascenso, el reconocimiento, es obvio que no llegarán. Que no es para él, que pierda esa ilusión para no perder su vida. Desde afuera es fácil. Pero Diego de Zama sigue allí (…) en una degradación que parece sin fondo”. Otro tema central en Zama es la soledad, “estaba contento por mí que cada vez quedaba menos ligado a la gente”; así, Susana Cella en Página 12 defiende que “el relato semeja a un extenso soliloquio, testimonio verbal de la soledad de Zama. Una soledad pautada por la lejanía de su esposa, pero más porque es la condición que lo define, solo, entre los que están a su alrededor, y solo, habitando el intersticio entre la vida otra que tuvo y la que está viviendo, extrañada, plena de interrogantes”, esos interrogantes reconoce Zama que lo aíslan, “estaba aislado, sitiado, indefenso porque me habían desarmado los contrastes. También, los presentimientos”. En definitiva, un texto que reflexiona sobre la soledad y la espera, sobre el paso del tiempo, pero asumiendo que el pasado no sirve de nada, “el pasado es un cuadernillo de notas que se me extravió” y que se debe aprovechar el presente, “es posible sacar partido de lo transitorio, disfrutar momento a momento”. Por esto, Saer en el prólogo de la edición de Clarín, reclama que Zama es la novela de un continente, “por ser la novela de la espera y de la soledad, no hace sino representar a su modo, oblicuamente, la condición profunda de América, que titila, frágil, en cada uno de nosotros. (…) La agonía oscura de Zama es solidaria de la del continente en el que esa agonía tiene lugar”. Por otra parte, en una lectura más filosófica, Giovanna Pollarolo, en un ensayo sobre la novela y la adaptación cinematográfica sostiene que “la espera de Diego de Zama ha sido entendida por gran parte de la crítica como una alegoría de la condición existencial del ser humano, aun cuando la trama remita al tiempo histórico colonial. Se considera, asimismo, que Zama, el libro, se aparta de las fórmulas de la llamada «novela histórica» (ausencia de grandes hechos de la historia oficial como marco de la trama; ausencia de precisiones geográficas). Sin embargo, y esta es mi propuesta, más allá de la alegoría, la condición de sujeto criollo de Diego de Zama es determinante en la novela”. Esta idea la comparte Saer en el citado prólogo, cuando compara la novela de Di Benedetto con La náusea y El extranjero, obras mayores de la narrativa existencialista por «ciertos aspectos de su concepción narrativa» donde el protagonista oscila entre la sospecha de ser víctima de aquel determinismo inexorable y la conciencia de poseer libre albedrío.

En definitiva, Zama es una novela atemporal. Una maravilla que nos propone que vivir, siendo incómodo, es siempre la opción menos mala.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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