Reseña de Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca

Lorca es un imperativo moral, estético y social

Creo que nunca había reseñado a Lorca. Lo tengo presente, constantemente. Tanto desde un plano perfectamente superficial (en casa tengo una lámina de Poeta en Nueva York de Minimae), desde un plano sociopolítico (su asesinato me desconsuela y la falta de medios para encontrar sus restos me enfada) como de un plano literario (su poesía es un rincón maravilloso en el que descansar, cobijarse o llorar si es necesario). Pero no había leído su teatro. Así que hoy os traigo la reseña de sus tres grandes obras teatrales, Bodas de sangre (1933), Yerma (1934) y La casa de Bernarda Alba (1936), en la edición de Cátedra, que tanto enriquecen el contexto y la propia lectura (no os saltéis los análisis y las introducciones, a menudo prolíficas y sesudas). Leí las dos primeras en una edición antigua de Austral con tapas rosas que tenían mis padres en casa; se acabó deshojando y aproveché que quería leer a la dura Bernarda para comprar las tres.  Vamos al lío porque esta reseña quizás sea un poco extensa.

En Bodas de sangre, la tierra y la sangre se confunden desde la primera escena. La Madre es uno de los personajes más potentes de la obra: encarna la memoria del dolor heredado, la violencia que se transmite de generación en generación y el miedo constante a la muerte. Frente a ella, la Novia representa el conflicto entre el deseo y la norma. No es una mujer indecisa, sino alguien consciente de lo que quiere y del precio que tendrá que pagar por ello. Su huida con Leonardo no es un arrebato romántico, sino un acto de rebeldía desesperada en un mundo que no admite fisuras. Lorca no la juzga: muestra cómo el sistema social empuja a la tragedia a quienes se atreven a desobedecer.

Yerma lleva aún más lejos la denuncia. Aquí el campo es sequedad, esterilidad, horizonte cerrado. Yerma es uno de los grandes personajes femeninos de la literatura española, precisamente porque Lorca no reduce su conflicto a la falta de hijos, sino a la imposibilidad de ser reconocida como mujer fuera del mandato de la maternidad. Yerma desea un hijo no solo por instinto, sino porque la sociedad le ha enseñado que sin él no existe. Frente a Juan, frío y distante, Yerma va acumulando frustración, rabia y lucidez, hasta un final que no es un estallido irracional, sino la consecuencia lógica de una vida vivida contra sí misma. Lorca convierte su grito en una acusación directa a una estructura social asfixiante.

En La casa de Bernarda Alba, el mundo rural se transforma en encierro. El exterior —los hombres, el deseo, la vida— queda fuera de una casa gobernada por el luto y el silencio. Bernarda es una figura compleja: víctima y verdugo a la vez, símbolo del poder que reproduce la opresión que ella misma ha sufrido. Frente a su autoridad férrea se alzan sus hijas, cada una con una forma distinta de resistir. Angustias acepta resignada un matrimonio sin amor; Martirio vive consumida por la frustración; y Adela, quizá el personaje más luminoso y trágico de la obra, se rebela abiertamente contra el encierro. Su vestido verde es mucho más que un gesto: es una afirmación de vida frente a la muerte social que impone Bernarda. El final, brutal y silencioso, confirma que en ese sistema no hay espacio para la libertad femenina.

Leídas en conjunto, estas tres obras revelan a un Lorca profundamente comprometido, atento a las injusticias que atraviesan el mundo rural y, muy especialmente, la vida de las mujeres. Su teatro no es panfleto, pero sí denuncia; no es discurso teórico, sino experiencia encarnada. Lorca escribe desde la empatía y desde la herida, dando voz a personajes femeninos complejos, contradictorios, llenos de deseo, culpa, rabia y dignidad. Mujeres que no encajan y que, precisamente por eso, siguen interpelándonos.

Hay autores que no se leen, sino que se atraviesan, y Federico García Lorca es uno de ellos. Entrar en Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba es regresar a un territorio duro y fértil a la vez, donde el mundo rural no es un simple decorado, sino una fuerza que determina destinos, cuerpos y silencios. Lorca convierte el campo andaluz en un espacio trágico, cargado de simbolismo, en el que la tradición, el honor y la mirada ajena actúan como leyes invisibles pero implacables. Leer hoy Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba es comprobar hasta qué punto Lorca sigue siendo actual. El control del cuerpo femenino, la maternidad impuesta, el peso de la tradición y el silencio como forma de violencia continúan resonando con fuerza. Lorca sabía que el teatro —y la literatura— podían ser un lugar de verdad, y por eso sus obras siguen vivas: porque nos obligan a mirar de frente aquello que todavía incomoda.

Leer a Federico García Lorca es una obligación moral, estética y social. Leer a Lorca debería ser un imperativo pedagógico y entenderlo, sufrirlo y reivindicarlo debería ser un imperativo social. En definitiva, leer a Lorca es imperativo, es un deber inexcusable.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

3 comentarios sobre “Reseña de Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca

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      1. Ni que lo digas. Es que estar en Houston y deambular entre blogs de excelentes lectores de clásicos, contemporáneos, y luego entre el Café de Mendel y blogs como el tuyo que leen en otra tradición o en otro canon, mas amigos de la carrera que sigo en Goodreads t que leen también en una línea menos anglo, mas todo lo que se solapa entre todos nosotros, ya no sé a donde mirar. Este año mi vida de profe de español de séptimo y octavo no me ha dejado tranquila. Pero aquí estoy tratando de sacar la cabeza, y gracias a este fin de semana de helada y lunes libre, creo que voy a poder terminar Ampliación del campo de batalla (joer, no me esperaba este cañonazo en un libro tan fino, me muero por leer comentarios finos, lo sueño o eso de los soles rojos es parodia o mención de Murakami con su 1Q84?), y estos últimos 6-8 meses creo que he adquirido libros inusuales y otros mencionados en ámbitos muy dispersos, y me gustaría quizá mostrarlos como quien presume de sus mascotas, antes de leerlos (porque voy a tardar), por eso de ver quien los ha leído e ir dando prioridades o descubrir a los lectores aun mas títulos, jajajaja (como si nos faltaran recomendaciones), pero es que es nuestro pasatiempo y que le vamos a hacer.

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