
No hay paz para los pobres
En este blog dedicamos una parte de nuestras lecturas a la literatura irlandesa (especialmente centrada en el conflicto norirlandés, aunque aquí también entran autores no irlandeses). Es una sociedad y una cultura que nos interesa y que nos parece muy literaria. Hoy os traigo Casas de locos de Colin Barrett editado por Sajalín. Es el tercer libro de este autor que obtuvo reconocimiento con su primer libro -de relatos-, Glanbeigh (que ya he ido a buscarlo a mi librería de referencia). Casas de locos obtuvo el Nero Book Award al mejor debut y estuvo nominada al prestigioso Premio Booker en 2024. Seguramente sea una novela que pase desapercibida, porque el autor no es prestigioso, la editorial no es grande e Irlanda no atrae a las masas. Pero no hagáis caso de lo mainstream y dejaos cautivar por el criterio de Sajalín, la propuesta de Barrett y una Irlanda que es uno de mis lugares favoritos del mundo, por su gente, por sus pueblos, por sus paisajes, por su cultura y, quizás sobre todo, por su capacidad para disfrutar en un entorno triste.
La novela narra la disputa entre el traficante de poca monta Cillian English y Mulrooney, antiguo jefe de Cillian. Su relación estaba deteriorada por una deuda de English con Mulrooney y este último decide enviar a sus dos matones, Gabe y Sketch Ferdia, a secuestrar a Doll, el hermano adolescente de Cillian. El secuestro pondrá patas arriba las anodinas vidas de la joven novia de Doll y de Dev Hendrick, el primo de los hermanos Ferdia y mi personaje favorito de la novela, en cuya casa retienen al pequeño de los English. Ambos, Doll y Dev, tratarán de mantener la cordura en un mundo de locos.
Casas de locos es una novela sencilla, de trama fácil de seguir, y sin grandes alardes narrativos ni estilos deslumbrantes. Es lo que se ve. Una novela que también es transparente en la trama. Sin recovecos. Sin segundas intenciones. Casi sin primeras oportunidades. Jóvenes cuyo habitus les condena a una vida de mierda. Jóvenes que no pueden hacer más que sobrevivir, intentando ser fiel a sus amigos y a sus hermanos y hermanas, mientras ven a sus mayores deslomarse en trabajos precarizados y mal remunerados. Es aquí donde la novela merece la pena ser leída, en esa capacidad de Barrett de generar un ambiente claustrofóbico de la realidad de la vida en los márgenes de una pequeña ciudad irlandesa del condado de Mayo, en poco más de doscientas páginas. Un ambiente que invita al lector a empatizar con el narcotraficante, con el solitario Dev, con un Doll amante de los perros, con una madre de Doll superada por sus circunstancias. Son personajes bien trazados y de los que quisieras seguir sabiendo de ellos una vez has cerrado el libro. Porque te deja con ganas de más. Porque Doll se merece una oportunidad y Dev se merece alguna más. Porque el lector desea que la vida sea de otra forma con ellos, aunque aceptamos que no saldrán de ahí ni aunque el libro tuviera mil páginas.
¡Nos vemos en la próxima reseña!