
Si hay desigualdades no hay sueños, solo ensoñaciones.
Conocí a Tomás González gracias a su bella y cruel La luz difícil, reseñada no hace mucho en este blog. Fue todo un descubrimiento. Parece que a Tomás González lo editaba Seix Barral, pero ahora es Sexto Piso la que va sacando sus títulos. Estaré muy pendiente de este proyecto de Sexto Piso porque realmente es un autor muy interesante. Hoy os traigo Primero estaba el mar, publicada originalmente en 1983. Se trata de la primera obra del autor y, según reza la editorial, está inspirada en sucesos reales.
La novela cuenta la historia de J. y Elena, una pareja que decide poner fin a la vida bohemia y desordenada que llevan en Medellín y empezar de nuevo en un rincón remoto en la costa: una pequeña casa enclavada entre la orilla del mar y la selva, a una hora a pie del pueblo más cercano. Sin embargo, la promesa de una existencia apacible en este paraje idílico pronto comienza a resquebrajarse. A medida que el clima brutal, las deudas crecientes y hasta el propio mar parecen confabularse para expulsarlos, la relación entre Elena y J. se vuelve más y más tempestuosa y el paraíso que creían haber encontrado comienza a asemejarse más bien al infierno. El entorno marítimo juega un papel importante y nos da una pauta al inicio de la novela, “el cementerio no tenía apariencia siniesta. Muy próximo al mar, durante las mareas fuertes el agua lo inundaba y lo llenaba de espuma (…) Sin tomarlo como una premonición de lo que sería el destino de sus huesos…«. El oleaje como lo perpetuamente vivo y el cementerio como la eternidad de la muerte, la confluencia de lo uno y lo otro en la historia de esta pareja; a la que, por cierto, no salva el amor.
González hace gala de un gran manejo de la tensión narrativa. El acierto de contar al inicio del libro que habrá una muerte es el punto ciego de Cercas. Aquí funciona a la perfección. Todas las hipótesis hacia la muerte de J. se van desvaneciendo porque las tesis marxistas de las relaciones sociales terminan prevaleciendo como un futuro insoslayable, “esa mezcla de literato, anarquista, izquierdista, negociante, colono, hippie y bohemio no tenía ningún chance de sobrevivir”. Dice Marta Sanz en una reseña muy atinada en Babelia que “este libro habla de que no se puede cambiar de vida: hay desigualdades tan necrosadas en los esquemas sociales que el resentimiento ennegrece el corazón de los parias de la tierra, y una ingenuidad autodestructiva marca el talante falsamente igualitario de los señoritos de buena voluntad”.
Un libro que narra el lento e inexorable derrumbe de un sueño, el recordatorio de que no existen los sueños, de que la desigualdad y las estructuras sociales están ahí para demostrar que el sueño americano y el wonderfulismo son una patraña. Solo nos salva la literatura, carajo. Y la de Tomás González es una buena tabla a la que aferrarse.
¡Nos vemos en la próxima reseña!