
Pinceladas de una guerra, crudas y certeras como la propia guerra
Este verano he leído muy buena literatura. Si el sábado pasado os traía La península de las casas vacías hoy os traigo Los bosnios, de Velibor Colic, editado por Periférica. Sabéis que me gusta la literatura sobre las guerras de los Balcanes; este año también hemos reseñado Cartas desde el manicomio y sigo teniendo pendientes otros títulos como Belladona, pero poco a poco voy ampliando mi estantería de la temática. Si tenéis alguna recomendación, no dudéis en dejarla en Comentarios, seguro que son bienvenidas.
Los bosnios es un libro de relatos cortos emocionante y lúcido sobre los muertos de aquellas guerras, “lápidas, casi, más que capítulos” dice la editorial. Dividido en tres partes (Hombres, Ciudades y Alambradas), el libro demuestra que se pueden narrar guerras muy complejas con muy poco, a base de pinceladas, y llegar al fondo del corazón de los lectores en poco más de cien páginas. De las tres partes, las dos primeras me han gustado bastante, la última me ha parecido más floja, pero no sobra en el conjunto. Cada relato, cada pincelada, forma parte del trágico mural de la guerra. Como partes del Guernika de Picasso, puedes detenerte en cualquier parte del cuadro literario y huele a sangre, a alcohol, a tierra seca, a sudor, a tragedia. Como muestra, un botón: “pasé cerca de un hombrecillo mal afeitado, con uniforma del ejército federal, que estaba agachado, y con las manos así sujetas, junto al canal que bordea la carretera de Garevac, cerca de Modrica. Con voz suplicante, me llamó y me pidió que le le abriera el bolsillo superior izquierdo de su chaqueta. Así lo hice, y encontré en él la fotografía de dos niños (…). La deslicé entre sus dedos ensangrentados, di media vuelta y me marché. En el dorso de la foto ponía: ¡Papá, vuelve!”. El libro cierra con Carta a un amigo muerto, una epístola deliciosa escrita durante la guerra que, aún en mitad del fragor, apuesta por la reconciliación y la paz como solución definitiva, “la última oportunidad consistirá en tender la mano en respuesta a la mano tendida, en devolver sonrisa por sonrisa. Solo entonces podremos tener la certeza, estar por completo seguros, de vivir de nuevo de pie”. Realmente hay pocas oportunidades de coger aire en la lectura. La atrocidad de los testimonios no da tregua al lector que se mete en una historia sin haber salido de la anterior.
Estamos ante una obra maestra del dolor. Muy recomendable. Por mi parte, sigo buscando el libro definitivo sobre este conflicto, no lo encuentro, y siento que no lo encontraré. Sin embargo, no dejo de disfrutar de lo que voy leyendo y aún tengo lecturas pendientes que quizás se conviertan en ese libro definitivo sobre las guerras de los Balcanes.
¡Nos vemos en la próxima reseña!
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