Reseña de Crimen y castigo de Fiódor M. Dostoievski

Seguimos leyendo literatura rusa del siglo XIX para entender a la humanidad del 2022

Empiezo el año rompiendo la tradición de leer novela rusa solo en verano; ahora también les dedico el invierno y, como siga así, este blog terminará siendo un espacio solo para novela rusa (con el permiso de Macarena Berjano y su Cuna Literaria), porque cada vez tengo más claro que no se ha escrito nada al mismo nivel en ningún otro idioma. Os traigo Crimen y castigo de Fiódor M. Dostoievski editada por Alba Editorial en tapa dura. Una maravilla cómo edita esta gente a los clásicos. Crimen y castigo, aun a la sombra de Los hermanos Karamázov, está considerada junto con Guerra y paz y Anna Karénina de Tolstói, una de las novelas más influyentes e internacionales de la literatura rusa.

Crimen y castigo cuenta la historia de Raskólnikov. Un estudiante que, sumido en la pobreza, deja la universidad y malvive en un minúsculo y mísero piso en los suburbios de San Petersburgo. Pasa los días sumergido en alcohol que consigue a base de empeñar pequeños objetivos de valor que heredó de su familia mientras planea robar a la usurera a la que empeña sus baratijas pensando en que su despreciable moralidad (la de la usurera) justifica el crimen. El título de la novela se refiere a este crimen que comete Raskólnikov y a su castigo interno y personal, un castigo psicológico que nace de su lucha interna (otra vez el “alma rusa” en su plenitud). Comete el asesinato creyendo que posee suficiente fuerza, tanto intelectual como individual, para soportarlo; considera que es una especie de Napoleón, pero la paranoia y la culpa pronto comienzan a devorarlo. Solo en el epílogo su castigo es formal, cuando decide confesar el crimen y acabar con su alienación. Su nombre, que en ruso deriva de «escisión», es una alusión a la separación de Raskólnikov de la sociedad rusa, impuesta por él mismo, así como su separación íntima de la personalidad y de las emociones. El ambiente de asfixia que consigue generar Dostoievski en la mente del protagonista es el principal atractivo de la lectura. Creo que es aquí donde realmente brilla la obra, lo que “atrapa”. Esa permanente incertidumbre entre librarse de la cárcel y el destierro o reconocer el asesinato públicamente. Lo cerca que está varias veces de ser detenido y el juego psicológico que mantiene el juez Porfiri con él, son los aciertos de un Dostoievski que se hace eterno con esta novela. Como escribe Daniel Ramírez en El Cultural, “en los dilemas de Raskolnikov están la ansiedad, el pánico, la depresión, la esperanza, el amor, la muerte, el odio… Y es tan de verdad que da miedo”. Pero el genio ruso tiene otros recursos muy destacables. Por ejemplo, el personaje de Sonia lo emplea para mostrar que solamente la fe puede curar la depravación del hombre. Y aunque el libro brilla en los monólogos interiores del protagonista, los diálogos mantenidos entre Raskólnikov y el inspector de policía Porfiri (especialmente los de los capítulos V de la tercera y cuarta parte) son considerados por algunos autores, como Stefan Zweig, una de las cimas de la literatura universal. Y es que Dostoievski ha creado a Porfiri como su perfecto contrincante, alguien a su altura que lo entiende y lo tiene calado. Raskólnikov es consciente de ello y sus nervios y sus dudas crecen cuando está con él, pero también sus mejores respuestas están en estas conversaciones, donde Raskólnikov se mantiene en el filo de la navaja sin rebajar la tensión dialéctica. Brutal.

Hay que tener cuidado con la lectura de estos libros, sobre todo porque todo lo que venga después va a parecer prescindible. Pero es que cuando un escritor es capaz de trazar con tal precisión el devenir del alma humana en un texto, es un genio y solo cabe leerlo, exprimirlo y disfrutarlo tantas veces como sea posible. Hace poco escribí que si solo pudieras leer un libro en tu vida deberías leer El Quijote de la Mancha, y creo que lo mantengo, pero es que lo de los rusos es estratosférico. Lo que han hecho Tolstói y Dostoievski (y algunos otros como Chéjov o Turguénev) con la Literatura está a la altura de muy pocos (quizás uno de ellos sea Cervantes). Dos siglos después, nadie les ha superado y seguimos leyendo sus novelas del siglo XIX para entender a la humanidad del 2022.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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