Reseña de Cartas a un joven poeta de Rainer María Rilke

Una sensibilísima reflexión sobre el dolor y la soledad como fuentes de expresión artística

Hoy os traigo uno de esos libros citados universalmente. Cualquier escritor que utilice referencias en sus obras, en algún momento de alguna de ellas, cita Cartas a un joven poeta de Rainer María Rilke. A veces la referencia será tangencial, un personaje que lo está leyendo, lo tiene encima de la mesa del salón o se lo recomienda a otro personaje y otras veces la referencia es directa, una cita de Rilke sobre el amor o el sentido de la belleza o la soledad que comparte Rilke con Kappus. Sea como fuera, Cartas a un joven poeta es un recursos recurrente para muchos escritores. Con estos libros suele pasar que mucha gente los conoce, pero menos los han leído. Y eso me había pasado a mí hasta que di con esta edición bilingüe de Hiperión traducida por Jesús Munárriz directamente del alemán. No controlo otras ediciones, creo que Nórdica tiene una edición ilustrada que seguramente esté bien, pero esta de Hiperión a mí me ha gustado.

En Cartas a un joven poeta Rilke, a través de su correspondencia con Franz Xaver Kappus (un joven cadete aspirante a poeta que se forma en la misma escuela militar en la que años antes se formó Rilke), transmite mensajes muy potentes para aquellos que desean ser artistas, en concreto poetas. Rilke se siente identificado en muchos casos con Kappus y le advierte de algunas situaciones sobre el amor, la vida, la literatura, el arte o la religión a las que tarde o temprano Kappus se enfrentará o ya está inmerso en ellas. Las cartas verán la luz en 1929, tras la muerte de Rilke, en un volumen separado del resto de su correspondencia. Para mí, hay dos ideas a destacar en las cartas. Una idea que yo suelo frecuentar: la belleza surge del dolor, de la ponzoña; Rilke lo expresa muy claramente en una sola frase, “una obra de arte es buena cuando nace de la necesidad” y, en una de las últimas cartas, sostendrá que los poetas deben intentar amar los abismos, y en referencia a un soneto que Kappus le envía para que lo valore, el poeta le dirá que “su vida está llena de fatiga y tristeza, y queda muy por detrás de ellas. Pero de no ser así, nunca habría podido encontrar tales palabras”. Otra idea fuerza de las cartas, quizás la más importante para Rilke por lo recurrente de ella en las diez cartas, es la que hace referencia a que la obra de arte y el artista solo son posibles desde la más absoluta soledad, “las obras de arte son de una infinita soledad (…) solo el amor las puede captar y hacer suyas y puede ser justo hacia ellas”. La conexión del artista con el espectador o el lector únicamente es posible en la conexión de dos soledades, por eso en los museos se está en silencio o se necesita silencio para leer, porque la conexión requiere de soledades y las soledades se manifiestan en el silencio, la observación y la reflexión introspectiva. Rilke es insistente en el valor y la importancia de la soledad. Hasta cuando se refiere al amor dirá que “consiste en que dos soledades se protejan, se delimiten y se cumplimenten una a otra”. Esta visión solitaria de la vida, no es aislamiento del mundo exterior, sino comunión con la totalidad: «su soledad se ensanchará y se convertirá en una estancia a media luz desde la que oirá pasar de largo el ruido lejano de los demás«. Esta soledad es importante para el poeta, debe encontrar en ella las respuestas a sus preguntas sin esperar a que el resto se las conteste, el poeta debe “aprender lentamente a reconocer las muy pocas cosas en las que perdura lo eterno que se puede amar, y lo solitario, en lo que se participar en silencio”.

Tengo una carencia importante a la hora de sentarme a leer este libro. No he leído la poesía de Rilke. Y seguro que me estoy perdiendo muchos detalles de las cartas. A pesar de que en sí mismas son infinitas y podríamos estar sacando ideas brillantísimas de Rilke hasta mañana (no hemos hablado de Dios, del desasosiego, de la tristeza, del miedo, del contexto social y político de la época en la que están escritas las cartas, de la vida personal de Rilke, etc.), no haber leído sus poemas seguro que está siendo un lastre en mi interpretación y valoración de su obra. Así que, lo mejor que podéis hacer, es no seguir mi ejemplo y empezar por leer su obra literaria y después sus cartas. Sea como fuere, sigáis el orden que sigáis, debéis sentaros una tarde sin prisa a leer estas cartas porque son maravillosas. Aun estando escritas hace más de cien años, su vigencia es absoluta y te hace preguntarte si tanto avance científico y tecnológico no nos están aportando realmente nada útil cuando la soledad, la tristeza y el dolor siguen siendo las fuentes de expresión artística más potentes…

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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