Reseña de Realismo capitalista, ¿No hay alternativa? De Mark Fisher

Un texto fundamental para interpretar la sociedad actual desde uno de sus pilares incuestionables: el capitalismo

Llevo tiempo leyendo y escuchando referencias indirectas y cruzadas sobre Mark Fisher. No lo conocía, pero mientras existan las librerías y las bibliotecas esto tiene fácil solución: leer. Así que me compré uno de sus textos más referenciados en el que sintetiza su visión de la realidad política, económica, social y cultural, Realismo capitalista ¿No hay alternativa? editado por la argentina Caja Negra. Y oye, no voy a soltar a Fisher.

He descubierto (siempre tengo la sensación de que descubro las cosas tarde, ¿no os pasa?) a Mark Fisher y creo que no lo voy a soltar. Este libro es un análisis acertado y profundo sobre la realidad actual y la incuestionable consolidación de un capitalismo brutal que, estando más a gusto junto a ideologías neoconservadores, es capaz de adaptarse a otras opciones del espectro político sin que ninguna de las opciones de gobierno en el mundo (incluidas las economías más sociales) ponga en duda su vigencia y su necesario desarrollo y fortalecimiento, “el realismo capitalista (…) es una atmósfera general que condiciona no solo la producción de cultura, sino también la regulación del trabajo y la educación, y que actúa como una barrera invisible que impide el pensamiento y la acción genuinos”. Fisher señala cuatro rasgos que constituyen el fundamento invisible del realismo capitalista: la globalización, el desplazamiento de las manufacturas por la computación, la precarización del trabajo y la intensificación de la cultura del consumo. Esta tesis la defiende apoyándose en referentes culturales, pero también analizando la derivada de la salud mental en la actualidad (“la tarea de repolitizar el ámbito de la salud mental es urgente si es que la izquierda quiere ser capaz de desafiar al realismo capitalista” -Errejón ha leído a Fisher-), la hedonia depresiva en la que están inmersos los jóvenes, las implicaciones educativas (gigantismo de los procesos de evaluación y la consecuente dilución de los contenidos), o el ejercicio de un derecho natural monopólico sobre el deseo, entre otros. Tras este exhaustivo análisis, Fisher tiene tiempo para las alternativas o posibles soluciones que se pueden resumir en la siguiente idea, “deberíamos pelear por la construcción de una modernidad alternativa en la que la tecnología, la producción en masa y los sistemas impersonales de gerenciamiento contribuyan, todo, a la remodelación de la esfera pública. Y público no significa, en este caso, estatal: el desafío es imaginar un modelo de propiedad pública que no sea el de la centralización estatal como la que se dio durante el siglo XX”. Para ello, Fisher considera importante “modernizar la idea de que el espacio público no se reduce a un agregado de individuos con intereses particulares”, “desarrollar estrategias contra un capital que se presenta como ubicuo tanto en términos geográficos como ontológicos”. En definitiva, es necesario construir una alternativa coherente y creíble capaz de enfrentar al capitalismo porque, si no lo hacemos, “el realismo capitalista seguirá dominando el inconsciente económico y político”.

Parece que Fisher va a estar en la estantería cerca de Sandel y su tiranía del mérito para que cuando recomiende a uno no deje de recomendar al otro. En este realismo capitalista y seguramente su blog también escucho los ecos de Transmetropolitan, el putomaravilloso cómic de Warren Ellis y Darick Robertson, una crítica brutal a una sociedad hiperconectada e hipercapitalista totalmente desnortada de estética ciberpunk.  Cuando libere un poco la estantería de libros pendientes, pienso incorporar los volúmenes de K-punk, el Fisher bloguero que no me quiero perder por más tiempo. Lecturas que generan otras lecturas, esas son las que me gustan a mí y al realismo capitalista. En fin, seguimos en la lucha mientras disfrutamos de nuestras contradicciones…

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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