Reseña de Lo que queda de luz de Tessa Hadley

Una lectura sencilla y una historia que funciona. Tardé en entrar y me costó salir.

No sé cómo llego a este libro, no recuerdo por qué lo compré, pero lo tenía por casa. Cuando eres un comprador compulsivo de libros, a veces pasan estas cosas… Sea como fuere, algo esta semana me llevó a sacar de la estantería Lo que queda de la luz de Tessa Hadley y leerlo. ¿Cuánto tiempo llevaba en esa estantería? No lo sé. Pero llegó su momento.

Lo que queda de luz cuenta la historia de dos parejas de amigos inseparables. Lydia y Christine eran amigas de la juventud y Lydia se encapricha de Alex y este le presenta a Christine a su amigo Zachary. Así surge la amistad. Un poco más adelante, las parejas se cruzarán y Zachary formará una familia con Lydia y Christine hará lo propio con Alex. Viven rodeados de un entorno culturalmente estimulante y pasan el tiempo en el mismo salón divagando entre vinos y risas. Alex es maestro y poeta, Zachary es un rico galerista de arte, Christine es pintora en apuros y Lydia vive por y para Zachary. Todo se derrumba cuando muere Zachary de forma inesperada, de un ataque al corazón, “la muerte de Zachary no tenía implicaciones morales, no era una injusticia. Y, sin embargo, los había anulado a todos”. La muerte de Zachary desencadena un tsunami de sentimientos, recuerdos y dudas. Christine reflexiona con Lydia en un momento de abatimiento por el devenir del grupo ahora sin Zachary, “el ancla que los mantenía unidos”, “¿Crees que se está acabando? Nuestra sensibilidad burguesa. Toda nuestra tristeza.y nuestra sutileza, nuestros complicados recuerdos. La sutileza y la ironía de los privilegiados llega a su fin”.

Con capítulos alternos entre el presente y el pasado, la autora nos va explicando las razones a los comportamientos actuales, porque todo presente es resultado de un pasado, y a veces está cargado de pulsiones sexuales no resueltas.  La tristeza, la parálisis emocional en la que Alex, Lydia y Christine están inmersos, les anula. No pueden reaccionar. Esto se compensa con la actividad frenética de sus hijos jóvenes, inmersos en proyectos profesionales y vitales y entre los que también existe ciertas atracciones sexuales que tampoco están resueltas. Como veis, la presencia de la sexualidad y la atracción está muy presente en la novela. En un momento hacia el final de la historia, Alex resume su posición al respecto, “desde fuera, el sexo parecía un truco barato, pero a la hora de la verdad encendía el mundo. No se podía tener todo: la sabia elección de la vida se reducía a eso. Lo que lograbas por un lado, era siempre a cambio de otra cosa”. Dejarse llevar por sus impulsos acaba desencadenando problemas. No es posible tenerlo todo. Sin embargo, creo que Hadley propone algo interesante en este punto, no se deja arrastrar por el drama, sino que prefiere resaltar la madurez de los protagonistas en la gestión de los conflictos. Aquí creo que es donde todos los lectores nos posicionamos del lado de Christine y Hadley también porque desde el estallido de situación, la novela está contada desde su visión de la historia.

Es una novela sencilla, con algunos tópicos que conmigo funcionan: protagonistas de clase acomodada y edad madura, con su aburrimiento, renuncias e hijos crecidos, con sus veladas hogareñas entre copas de vino y conversaciones salpicadas de sarcasmo. Esto ya lo hemos visto también en Canciones de amor a quemarropa de Nickolas Butler y en En lugar seguro de Wallace Stegner (perdonad por lo escaso de los comentarios sobre estos libros, son los post de Instagram con los que empecé antes de escribir reseñas completas). Hay momentos en los que Hadley peca en exceso de no querer complicarnos la lectura, y tiene algunas comparaciones simplonas como “ojos pardos como los de un gato” o “inteligencia afilada como un cuchillo”). Sin embargo, estoy de acuerdo con Olga Merino en El Periódico, “Hadley construye una novela de corte clásico muy sólida, donde brillan sobre todo el pulso elegante de la prosa, la minuciosidad en el detalle y una deslumbrante capacidad de percepción, de hurgar en la herida”. Personalmente, tardé en entrar y me costó salir. Desde luego estamos ante una escritora que no se complica la vida, pero que logra su principal objetivo: entretener. Si os apetece una lectura sencilla, con algún giro de guión inesperado y sin grandes complicaciones en la trama, este es un buen libro.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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