Reseña de Mientras agonizo de William Faulkner

Un viaje al sur de la mano del maestro de la pobreza y la desolación

Mi segundo Faulkner tras El ruido y la furia. Mientras agonizo, como se señala en las notas que acompañan a la edición, fue escrito por Faulkner en seis semanas mientras trabajaba como bombero y vigilante nocturno en la central eléctrica de la Universidad de Mississippi. Reafirmo mi gusto por este autor y su retrato de las bajas capas sociales americanas.

Mientras agonizo relata la peripecia de una familia de blancos pobres, los Bundren, que recorren los parajes rurales del Sur con el cadáver de la esposa y madre en un ataúd para enterrarla, cumpliendo su deseo, con su gente en el pueblo New Hope de Jefferson. Esta aventura tragicómica, en la que se entremezcla un humor de tintes ácidos con la más arrolladora desolación, se va construyendo de forma conjunta a través de diferentes testimonios en primera persona, a veces miembros de la familia y a veces allegados, a través de una técnica denominada “flujo de conciencia” (sucesión de monólogos interiores) con 15 narradores en 59 capítulos. Creo que es un acierto de Faulkner porque te mantiene atento a la trama y obliga al lector a completar la información que falta, pues esta es siempre parcial y sesgada por el protagonista que en cada caso asuma la narración. La inocencia de los personajes, la falta de maldad como castigo, aunque son impertérritos al dolor ajeno incluso en ocasiones no tienen escrúpulos a la hora de hacer “lo que dios manda”, la desolación y la decadencia del Sur, la pobreza y la bondad, la culpa que atormenta a los personajes, el peso opresivo del pasado… Todo esto se percibe bien en uno de los capítulos protagonizados por el padre. El personaje reflexiona de la siguiente manera: “en ninguna parte de este mundo pecador puede un hombre honrado y trabajador sacar provecho. Lo sacan los que tienen tiendas en las ciudades, sin sudor de ninguna clase, viviendo de los que sudan por ellos. Pero no el hombre que trabaja duro, el campesino. A veces me pregunto por qué seguimos en ello. Es porque nos aguarda una recompensa allá arriba, donde ellos no pueden llevarse sus autos y demás. Allí todos los hombres serán iguales, y el Señor les quitará lo que tienen a los que tienen y se lo dará a los que no tienen. Pero es una larga espera, al parecer. No está bien que un hombre tenga que ganar la recompensa por sus buenas acciones faltándose el respeto a sí mismo y a sus muertos”. Ese dejarlo todo en manos de la religión les alivia el peso que cargan, pero también les pervierte por dentro y terminan siendo egoístas y ruines. Así lo vemos con el padre y su decisión de ponerse la dentadura. Faulkner es un maestro en lo suyo, y lo demuestra con cada libro. En Mientras agonizo deja huella con su forma de narrar (el uso de técnicas literarias innovadoras, como el monólogo interior, la inclusión de múltiples narradores) y su forma de hacer pensar a los personajes, como los conduce por caminos que les perpetuarán en su condición social.

Este viaje casi épico (“tour de force” le gusta llamarlo a los pedantes) que nos propone Faulkner es un ejemplo más de su genialidad como narrador y una oportunidad para seguir profundizando en un autor imprescindible de la literatura americana. No perdáis la oportunidad de conocer el Sur, ese Sur que hoy vota a Trump, ese Sur que tan bien retrata Faulkner y que nos acerca a los ciudadanos de otros continentes, culturas y tradiciones.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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