Reseña de Todo en vano de Walter Kempowski

Ambigüedad y talento para narrar un acontecimiento histórico silenciado

Me alegro de haber retomado mi relación con Libros del Asteroide. Los he tenido abandonados bastante tiempo, no sé si por culpa suya o mía, pero no encontraba nada que me llamara la atención en su catálogo. Todo en vano de Walter Kempowski ha sido un acierto para ese reencuentro. El próximo Asteroide que leeré será La gran fortuna de Olivia Manning, pero eso lo contaré en otro momento.

Todo en vano se sitúa en la Prusia Oriental de 1945. El Ejército Rojo avanza imparable y los alemanes han comenzado un éxodo hacia el oeste. En esa huida, pasarán por delante de la mansión Georgenhof, donde reside la familia von Globig. La familia está compuesta por la señora Katharina von Globig (una mujer que añora a su marido que lucha en Italia), su hijo Peter (un niño con inquietudes y que parece que terminará formando parte de los Wolfskinder –niños lobo, abandonados o huérfanos, que se vieron obligados permanecer en la zona y a sobrevivir en los bosques sin ningún tipo de auxilio–) y una tía lejana que ejerce de ama de llaves metomentodo y con un marcado sentimiento nazi.

La mansión se convierte en un refugio decadente que mantiene el porte del lustre y la nobleza de antaño, una casa que “en invierno, rodeada de sus viejos robles, parecía una isla negra en mitad de un mar blanco”. Georgenhof se vuelve una posada para desplazados que cargan con su propio pedazo de guerra a cuestas: una violinista nazi, un aristócrata báltico, un economista, un pintor. El abanico es tan amplio y variopinto como el autor quiere que sean sus vivencias, ¿Después del jaleo de esos últimos días? ¿Del filatélico loco? ¿La violinista? ¿Y el pintor el día anterior? (…) Tampoco estaría tan mal que ahora llamaran a la puerta y apareciera un nuevo huésped, que trajera alegría a la casa… Era la forma de enterarse de lo que pasaba en el mundo”.

Pero esos ecos de la guerra parece que llegan distorsionados. Los Georgenhof están convencidos de que Hitler ganará la guerra. Y mientras, el frente se acerca. “Durante la noche había vuelto a pasar una fila de tanques, SS, según creía. Ellos se encargarían, Hitler no iba a ser tan tonto como para dejar entrar a los rusos en el país. Quizá los dejara adentrarse un poquito, pero luego cerraría la bolsa y los atraparía”. Poco más tarde, una caravana de refugiados toma la carretera. La guerra es un animal terrible cuyos pasos retumban cada vez con más fuerza. Tarde o temprano será algo más que señales.

Señala Mauricio Bernal en el Periódico que “Kempowski cuenta la guerra desde la distancia: desde una casa de campo, la mansión Georgenhof, donde el conflicto es algo lejano, un eco que se aproxima, una amenaza que se cierne sobre sus habitantes. Algo que manda constantemente señales. Pues hay todo tipo de trincheras en una guerra; muchas más que las excavadas en primera línea de fuego”. Para mí es el mayor acierto de la novela, contar un acontecimiento mil veces narrado desde una perspectiva diferente. Ya lo he dicho más veces, recuerdo que con Kanada también lo apunté, hay temas muy trillados que no terminan de cansar si se saben abordar. De hecho, si el enfoque es novedoso hasta se agradece sumar nuevas vivencias (en este caso literarias, pero también cinematográficas, pictóricas, teatrales, etc.).

Otro acierto de Todo en vano es el terreno psicológico que explora. Kempowski se mueve en la ambigüedad, en la duda y la incertidumbre. Si en la guerra todo es tuyo o contra ti, blanco o negro, amigo o enemigo, Kempowski se decanta por los grises y consigue que estos brillen con luz propia. A este respecto, como apunta Corinna da Fonseca-Wollheim en el New York Times, es una novela que tiene una particularidad interesantísima para el lector, y es que “isn’t easily appropriated by any ideology. Kempowski’s sympathy for the suffering of his characters and his acknowledgment of the attendant destruction of their civilization are diffused by a fine-grained ambivalence” [“ninguna ideología puede apropiarse de este libro. La simpatía de Kempowski por el sufrimiento de sus personajes y su reconocimiento de la consiguiente destrucción de su civilización, se difunden por una fina ambivalencia”]. Los personajes se mueven entre el deber honorable y la deseabilidad social, entre el qué dirán y qué me dice mi conciencia que haga. Se dirimen batallas interiores importantes mientras la catástrofe avanza y la soledad se apodera de ellos. Hay momentos trágicos que dejan huella y con los que cuesta avanzar en la historia, casi deseas que la página vuelva para atrás y se reescriba por completo.

Todo en vano es una novela cargada de simbolismo y de rigor histórico. El éxodo de 750.000 alemanes hacia el oeste que se trata en la novela es un acontecimiento histórico importante que no tuvo toda la atención que merecía, quizás también porque la IIGM tuvo muchos momentos de alta tensión histórica y mediática o quizás porque en este episodio no participó el ejército americano, ya sabéis… las luces y las sombras de las cámaras. Así que se agradece que Kempowski se haya preocupado por ello y nos lo haya contado con tan buen criterio. Todo en vano (publicada originalmente en 2006) es la primera novela traducida al español del autor; espero que Libros del Asteroide siga editando su obra porque ha sido una suerte descubrir a Kempowski y ya tengo ganas de volver a él.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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