Reseña de También esto pasará de Milena Busquets

Un libro que se parece a su protagonista: elegante, ligero y alegre

 

No recuerdo muy bien cómo llegó También esto pasará de Milena Busquets a mi estantería de libros pendientes. Supongo que lo agarraría en un impulso. Solo sé que viene con la pegatina de Tipos Infames así que quizás me lo recomendaron directa o indirectamente. Sea como fuere, aquí estoy, contento de haberlo leído. Además, leyendo algunas críticas me he enterado de que la novela es en parte autobiográfica y que la madre de Milena es Esther Tusquets, la famosa escritora y editora catalana, fallecida hace ya cinco años (año en que salió la novela).

Milena Busquets narra la vida de Blanca tras la muerte de su madre. Blanca es una mujer que se ha separado dos veces y procura vivir sin ataduras, no sin complicaciones, “la ligereza es una forma de elegancia. Vivir con ligereza y alegría es dificilísimo”. Me parece una filosofía de vida acertadísima, me da cierta envidia poder vivir ligero y alegre. La novela se detiene en tres aspectos. En primer lugar, la gestión de la muerte de su madre, “estaba empezando a decidir a qué distancia exactamente quería vivir de ti. Es un difícil equilibrio, resulta más fácil guardar distancia con los vivos”. En segundo lugar, la relación con el sexo y los hombres, “hay hombres que no tienen radar sexual, o que apenas lo usan, solo cuando lo necesitan y luego lo apagan. Y hay otros que lo tienen encendido permanentemente, incluso cuando duermen. La civilización subsiste gracias a los primeros, el mundo gracias a los segundos”. Y, por último, las reflexiones en torno a una vida vivida y exprimida algo que toma sentido a partir de la contraposición con la muerte que ahora le toca de cerca, “tal vez todos nos quedamos siempre con algún viaje pendiente, planeamos viajes cuando ya son imposibles, como si intentásemos comprar tiempo aun sabiendo que el nuestro se ha agotado y que nadie puede regalarnos ni un solo minuto más. Debe de ser intolerable tener todavía los ojos abiertos y pensar que hay lugares que ya no volverás a ver nunca, que se cierren las posibilidades antes que los ojos”.

Blanca es una mujer muy particular. Dice Ángel Fernández Recuero en JotDown que “hay dos tipos de hombres: los que se enamoran de la Maga y los que no”, y yo, igual que él soy de los segundos, estoy de acuerdo en que son mucho más atractivas las mujeres como Blanca. Blanca es disfrutona, loca, despegada, alegre, intensa, impulsiva y reflexiva, vive su madurez con elegancia, ligereza y desparpajo. Ojalá llegar a la madurez en esa situación de desahogo vital. Sin embargo, este carpe diem no está exento de reflexión y dolor, no se trata de una mujer que lie la manta a la cabeza y se convierta en una inconsciente. Es un complicado equilibrio entre la vida y la responsabilidad. Me gusta un pasaje en el que un amigo le propone una reflexión, “la observación, no solo el amor, nos hace dueños de las cosas, de las ciudades que hemos visitado, de las historias que hemos vivido, de la gente, de todo. Todas las cosas por las que has pasado sin indiferencia, con antelación, son tuyas” que en principio puede ser indiscutible, pero Blanca le responde, “No tío, no. (…) De hecho, creo que somos más las cosas que hemos perdido que las que tenemos”, y te das cuenta de que efectivamente Blanca tiene razón. Para Blanca, la vida puede ser cualquier cosa —parece querer decirnos a través de lo que queda de su madre en ella— menos algo quieto, inerte, sin capacidad de sorpresa, de sexo, el único estallido de vida que vence a la muerte cada vez que se le convoca, “lo contrario de la muerte no es la vida, es el sexo”, mientras razona que “el sexo me gusta porque me clava en el presente. Tu muerte también”.

Como apunta Carlos Zanón en Babelia, Milena Busquets “gestiona lo profundo del dolor, la ausencia, la muerte, las relaciones complicadas con su madre con una elegante ligereza, que parece casi un rasgo de carácter que ha podido llevar a su literatura. Y no deja de ser difícil hacer avanzar desde ese punto de fuga la novela en un entorno de seres maravillosos —amigas, hijos, exmaridos, extraños—, todos guapos, ricos y con unas ganas locas de vivir. En realidad, la dificultad de la novelista está ahí, en no derivar esa ligereza en superficialidad, en un diario de Blanca Jones culta y rentista en entorno maravilloso y ausencia materna al fondo”. Esa elegancia no la pierde durante toda la novela, aunque la situación se vaya complicando, Blanca mantiene la compostura.

Creo que estamos ante un libro que traspira frescura, que refleja perfectamente la forma de ser y de estar en el mundo de la protagonista, con ligereza y desparpajo. Un libro cargado de frases para resaltar, bien escrito, donde destacan las descripciones vistosas y los diálogos espontáneos. Sé que ha habido a gente que no le ha gustado y lo puedo entender. A mí me ha encantado, pero entiendo que puede terminar siendo un libro más sobre el amor, las relaciones personales, el miedo o el deseo. Yo os lo recomiendo, creo que tiene algo diferente y me atrevo a decir que se trata de la ligereza y la vitalidad de la protagonista. Otros libros sobre estas temáticas terminan siendo muy intensos y cargados de un sentimentalismo aburrido. Este libro huye de esa mirada y propone algo mucho más interesante. Lo vais a disfrutar.

 

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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