Reseña de Pálido fuego de Vladimir Nabokov

Un “tour de force” brillante y complejo del que no podrás salir, si consigues entrar

 

Han sido muchas las voces que me han recomendado este libro y tengo dos mensajes para esas personas: gracias y qué cabrones sois. Si alguien se acerca a este libro pensando que “Nabokov es el autor de Lolita nada puede salir mal”, está equivocado. No tiene nada que ver. Tampoco tiene nada que ver con La defensa. Es el mismo autor porque lo dice la portada, pero dentro de Pálido fuego se esconde un genio muy distinto que se esconde detrás de Humbert Humbert. Digo que sois unos cabrones porque no me esperaba algo así y, sin embargo, os doy las gracias porque este libro es una locura muy necesaria y muy bien escrita. Últimamente estoy atreviéndome con la metaliteratura y, aunque tiene sus peligros, tiene su punto. Creo que para mí la metaliteratura es como el picante: tiene un encanto al que no quiero renunciar aunque sepa en ocasiones me va a complicar un poco la vida. Sobre Pálido Fuego ha nimbado una aureola de excepcionalidad y genialidad literaria que ha provocado una gran variedad de interpretaciones. Además, dicen que era la obra preferida de Nabokov y el crítico Harold Bloom la consideró la demostración más segura de su propio genio. Veamos el porqué de este chorreo de buenas palabras.

Pálido fuego es un libro que contiene otras experiencias literarias. El protagonista de esta historia es el profesor Charles Kinbote. Kinbote edita el poema de 999 versos del escritor norteamericano John Shade, escribe el Prólogo y los comentarios al poema en un extenso aparato de notas. Pero todo este libro es creado por el propio Nabokov, primer atractivo para estar precavido que va a jugar con todos esos personajes con ese sello que hizo propio. Juntos, estos elementos forman una narración en la que ambos autores son personajes centrales.

La parte central de la novela, lejos de ser el poema son los comentarios al mismo. Sin embargo, en ellos Kinbote explica sorprendentemente poco el poema. En lugar de ello se centra en sus propias preocupaciones, divulga lo que resulta ser la trama poco a poco, parte de lo cual puede relacionarse siguiendo muchas de las referencias cruzadas. Kinbote narra tres historias entrelazadas entre sí. Una es su propia historia, especialmente lo que piensa de su amistad con Shade. Después de que Shade fue asesinado, Kinbote adquirió el manuscrito, incluyendo algunas variantes, y ha asumido la labor de supervisar la publicación del poema, diciendo a los lectores que sólo le falta el verso 1000. La interacción entre Kinbote y Shade tiene lugar en la pequeña ciudad universitaria de New Wye, Appalachia, donde viven al otro lado de la calle, de febrero a julio de 1959. Kinbote escribe su comentario desde entonces hasta octubre de 1959, en una cabaña turística en la igualmente ficticia ciudad del Oeste de Cedarn, Utana. Ambos autores relatan muchos acontecimientos anteriores, los de Shade ocurridos principalmente en New Wye y Kinbote en New Wye y en Europa, especialmente la “distante tierra norteña” de Zembla.

La segunda historia de Kinbote trata del rey Charles Xavier, el depuesto rey de Zembla. El rey Charles escapó de la cárcel por revolucionarios sostenidos por los soviéticos, haciendo uso de un pasadizo secreto. Una y otra vez Kinbote pretende que él inspiró a Shade a escribir el poema relatándole la huida del rey y que posibles alusiones al rey, y a Zembla, aparecen en el poema de Shade, especialmente en los borradores rechazados. Sin embargo, no hay referencia explícita al rey en el poema. La tercera historia de Kinbote es la de Gradus el Matón, alias Degré, un asesino enviado por los nuevos gobernantes de Zembla para asesinar al exiliado rey. Gradus se abre paso desde Zembla por toda Europa y América hasta New Wye, sufriendo cómicos contratiempos. Desde que Gradus entra en EEUU la novela se torna frenética hasta la última nota, la que escribe Kinbote sobre el desaparecido verso 1000, en la que narra cómo Gradus mató a Shade por error.

El lector, si permanece en la lectura tras las primeras cien páginas, se dará cuenta de dos posibles giros de guion que no quedarán confirmados: (1) que Kinbote es el rey Charles, viviendo de incógnito o (2) que Kinbote está loco y que su identificación con el rey Charles es una ilusión, como quizá lo sea toda Zembla. Otro posible giro de guion metaliterario y post escriptum: Nabokov dijo en una entrevista que Kinbote se suicidó después de terminar el libro y Brian Boyd, uno de sus más notables especialistas, ha argumentado que hay evidencias internas que apuntan al suicidio de Kinbote; y es cierto que una de las anotaciones de Kinbote al poema de Shade (que se corresponde con la línea 493) trata el tema del suicidio con cierta extensión. Y estas incertidumbres, estas posibles interpretaciones, son la guinda del pastel. Es un libro enrevesado y difícil de leer (qué cabrones sois), cuesta entrar, pero cuesta más salir. Es una oportunidad para conocer otra faceta del genio ruso que si se accede a él por la puerta de Lolita lo que esconde el resto de su obra es un universo infinito de estilos, recursos, personajes increíbles, juegos con el lector, sostenidos por una genialidad al alcance de pocos escritores. Creo que todos los lectores en algún momento de nuestra vida adoramos a Nabokov y renovamos esa idea cada vez que volvemos a alguna de sus obras.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

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