Libros para leer antes de viajar a Cuba

Mientras leéis este post estoy yendo al aeropuerto para coger un vuelo a La Habana. Tengo unas ganas inmensas de conocer Cuba. Llevo tiempo queriendo viajar a Cuba. Cuba es de esos países que estudias a fondo, y en el caso de la sociedad española sabemos demasiado poco sobre la historia de Cuba, y somos parte de ella (y no siempre para bien). Pero no solo desde el punto de vista histórico, también la he estudiado desde el punto de vista político, geoestratégico, social, económico. Cuba es un rara avis en el mundo. Una sociedad que vive en una dictadura comunista y que sobrevive a un bloqueo político y económico de dimensiones descomunales. Cuba es un ejemplo de desarrollo de pilares del estado del bienestar como la salud o la educación en Latinoamérica. Cuba es un país pobre, pero nadie se muere de hambre. Cuba es una dictadura, y aquí no hay peros, si acaso los seguidores del M26 dirán que “no nos queda más remedio”. Y en este tiempo que de forma directa e indirecta he ido aprendiendo diferentes aspectos del país se ha ido construyendo en mí una imagen de Cuba que ahora quiero contrastar.

Ese contraste lo he buscado primeramente en su literatura. No me ha dado tiempo a leer mucha literatura cubana, me hubiera gustado profundizar mucho más. Me hubiera gustado leer a Wendy Guerra, a Karla Suárez (gracias @fondodelectura por las recomendaciones) o a clásicos como Carpentier o Lezama. Sin embargo, sí que he leído a Pedro Juan Gutiérrez en El Rey de la Habana y Trilogía sucia de La Habana; a Rachel Kushner y su ilustrativo Télex desde Cuba; a Reinaldo Arenas en su autobiografía Antes que anochezca; a Padura y La novela de mi vida; y a Rubén Gallo y su Teoría y Práctica de La Habana. Todos ellos recomendables, aunque alguno me costó sangre terminarlo (maldito Padura).

Empecé contextualizando con Télex desde Cuba, la novela de Kushner, y fue un acierto empezar por ella. La novela está ambientada en el periodo que va de Batista a la victoria de Fidel Castro, pero el foco está puesto en los americanos (y cubanos proamericanos) que vivían en la isla, en los negocios que manejaban antes de la llegada de Fidel y en las relaciones que establecían con los cubanos. Hay un par de personajes interesantes como un contrabandista de armas y una prostituta cercana a Batista, que dan profundidad a la historia. Es un libro muy recomendable.

Tras esta entrada me detuve en Gutiérrez. No pude esperarme a conseguir Trilogía sucia de La Habana y leí primero El Rey de la Habana. Craso error. No lo hagáis. El realismo sucio que desarrolló Gutiérrez es más sucio y más salvaje en El Rey de La Habana, así que cuando llegas a Trilogía sucia de La Habana va a parecerte un realismo sucio descafeinado. Pero he descubierto a un genio de los que me gustan, a la altura de Henry Miller, Burroughs o Bukowski. Una literatura tan desagradable, tan escatológica, tan real, tan penosa, que atrapa; porque incluso hablando de suciedad, sexo desagradable, hambre, pobreza, sangre, mentiras y desperdicio de inmensas posibilidades de salir del hoyo, incluso ahí, la literatura brilla gracias al estilo de Gutiérrez. No sé, a mi estos temas (en dosis bien administradas) me entran muy bien.

Tras estos llegó Reinaldo Arenas con Antes que anochezca y su defensa de las libertades en Cuba. Un testimonio atroz sobre la deriva del régimen de Castro. Los inicios prometedores y el desastre tras la caída de la URSS cuando su financiación cayó y su régimen se blindó. Arenas escribe desde el exilio y pone nombre y apellidos a sus amigos, enemigos, detractores, chivatos y aduladores del régimen sin perder rigor literario. Es importante leer algo así antes de entrar en un país con una dictadura.

De un exiliado a alguien que vive en el barrio donde nació. Padura vive en el barrio de Mantilla, en La Habana. Al preguntarle por qué no puede dejar La Habana, ha dicho, “soy una persona conversadora. La Habana es un lugar donde siempre se puede tener una conversación con un extranjero en una parada de guaguas”. La desilusión es una constante en la literatura de Padura. Famoso es su personaje Mario Conde y su novela El hombre que hablaba a los perros, pero yo he querido acercarme desde otro prisma. He leído La novela de mi vida porque retrata bien la corrupción moral de una sociedad que expulsa al exilio a los mejores, a quienes no se doblegan. Esto lo aborda Padura desde dos historias que funcionan como paralelismos continuamente. Por un lado, la actualidad protagonizada por Fernando Terry, un investigador exiliado que vuelve a Cuba atraído por el posible descubrimiento de una autobiografía inédita de José María Heredia en los archivos de una logia masónica. Por otro lado, el pasado de principios del siglo XIX protagonizado por el propio José María Heredia que muere exiliado en México en 1839. Ambas historias mantienen grandes sintonías y reflejan la sensación de que destacar está castigado y que para permanecer en Cuba (sea la época que sea) es necesario moverse en la mediocridad.

Por último, he querido cerrar con el gran Rubén Gallo y su Teoría y práctica de La Habana. Y me ha transmitido una Habana alegre y despreocupada. Autobiográfica en gran parte y gay siempre, este viaje al fondo de la noche habanera te agarra por el humor y la alegría y es un telón de fondo de lo que en realidad es Cuba, en palabras de Juan Cruz: un país empobrecido que jamás ha perdido las ganas de bailar. Es como si hiciera de noche y, en esta novela, La Habana se hiciera gay. Todo lo que ocurre es posible. La Habana es un delirio en el torbellino de la Transición (de su transición, ¡hispanocéntricos!, jeje): es la única ciudad del mundo con bares gays administrados por el Estado y atendidos por funcionarios públicos, un lugar donde hasta hace poco había librerías clandestinas, una capital latinoamericana que se alimenta con leche en polvo, un espacio donde la santería, con sus rituales africanos y sus ingredientes locales, marca la vida cotidiana, una metrópolis donde la gente viaja “en botella”, convirtiendo así cada automóvil en un transporte colectivo y en una plataforma para encuentros inesperados y aventuras singulares. Teoría y práctica de La Habana es quizás el libro más vital que se ha escrito sobre Cuba en los últimos años.

Ojalá os acerquéis a la literatura cubana porque es apasionante. Ojalá disfrute de Cuba como he disfrutado de su literatura y ojalá, por fin, pueda hacerme una imagen más precisa de lo que es Cuba, con sus aciertos y sus errores, sus contradicciones, sus alegrías y sus miserias. Un país que es capaz de escribir así de bien, vive mucho y sufre mucho. Y a mi eso, pues mira, me apetece conocerlo y vivirlo.

¡Nos vemos en la próxima reseña ya en 2020!

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