Reseña de Las primas de Aurora Venturini

Una novela diferente, potente y cargada de ternura con un dominio absoluto de algunos recursos poco frecuentes

 

Hoy estoy especialmente cansado, pero no podía dejar pasar ni un día más sin contaros cosas de Las primas, un libro genial que publicó Aurora Venturini a sus ochenta y dos años.

Llevo un tiempo que de forma totalmente fortuita estoy leyendo libros donde la discapacidad está presente en alguno de los protagonistas. El ruido y la furia de Faulkner es un clásico en este aspecto; el autor dio voz a Benji y es uno de los grandes aciertos de la novela. Otra novela que recientemente he leído y trata la discapacidad es Lectura fácil de Cristina Morales; en ella cuatro mujeres con discapacidad intelectual viven en un piso tutelado de Barcelona. Ambas novelas proponen soluciones antagónicas al narrador con discapacidad, pues mientras Faulkner presenta a un Benji titubeante, dubitativo, incapaz de hilar dos frases con sentido, siempre inconclusas y repleto de interpretaciones parciales, Morales dota a sus protagonistas de una profundidad narrativa a la altura de pocas personas sin discapacidad intelectual, locuaces, incisivas, críticas, irónicas, expeditivas… Ha sido un lujo llegar a estas lecturas en tan corto espacio de tiempo, me ha permitido hacer este análisis desde la experiencia reciente. Bien, ahora Venturini creo que se sitúa en un punto intermedio entre Faulkner y Morales en el aspecto que estamos analizando (Cristina, te estoy echando buenos piropos situándote tan cerca de uno de los dioses del olimpo literario, jejeje). Veamos cómo se construye la novela de Venturini y qué soluciones aporta al tema del narrador con discapacidad intelectual.

Las primas narra la historia de cuatro chicas que padecen alguna discapacidad intelectual o motórica que marca sus felices existencias. Yuna, la narradora, tiene una discapacidad intelectual leve que se manifiesta fundamentalmente en una dislalia. Betina, su hermana pequeña, está mucho más afectada en el habla e incluso tiene serias dificultades de movilidad. Carina, una de las primas, nació con seis deditos en cada pie y Petra tiene enanismo. Todas ellas intentan llevar una vida lo más ajustada a la norma posible, intentan tener trabajos e incluso llegan a tener hijos (algunos frutos de violaciones, fatal todo). Yuna es una pintora de éxito que se expresa a través de la pintura lo que sus dificultades de expresión escrita le limitan: “pinté a brochazos apresurados motivos atinentes a cuanto ocurrió esa semana trágica, abundante y goyesca. Ya dije que por dentro de mi psiquis sabía detalles y formas, que era muy distinta a la boda de afuera que hablaba sin punto ni coma porque si ponía punto o coma perdía la palabra hablada. A veces ponía punto o coma para respirar pero me convenía comunicarme de viva voz rápidamente para que me entendieran y evitar lagunas silenciosas que descubrían mi incapacidad de comunicación verbal porque al escucharme a mí misma me confundían los ruidos de adentro de mi cabeza y el sibilante fluir de la palabra y quedaba boquiabierta pensando que existían palabras gordas y palabras flacas, palabras negras y blancas, palabras locas y criteriosas, palabras que dormían en los diccionarios y que nadie usaba”. Como describe ella más adelante, “la cabeza me hace burunbunbún”, pero es en la pintura donde se siente libre, “yo me siento mal si no cumplo con esas voces susurrantes que molestan y me felicito a mí misma cuando terminada la pintura unas manos invisibles aplauden tenuemente con golpeteo de alas de mariposas y unos gorjeos inefables pájaros pequeñitos como picaflores cantan loas y entonces comprendo que la obra ya va para un concurso, para una exposición”. Esta verborrea incontrolada y llena de ausencias en la puntuación de las frases es intencional. Venturini utiliza este recurso para dar voz a Yuna y le sale bien. Además, lo acompaña de otro recurso genial: la consulta al diccionario por parte de Yuna cuando no consigue completar las frases por sí misma, por ejemplo, “una sombra de duda que después pinté en un cartón sesgó (palabra del diccionario) el ambiente…”. Sobre esto también se referirá la propia Yuna, “creo que el diccionario me beneficia, creo que salvaré dificultades que antes creí insalvables y no cuento lo que guardo in mente” o cuando admite que “la cultura del diccionario me ayuda a salir de mi minusvalía heredada”.

Tras esta necesidad de contarse, de compartir sus pensamientos, sus vivencias y sus proyectos, Yuna relata una vida repleta de calamidades. En el libro hay violaciones, embarazos no deseados, separaciones violentas, morales sexos orales, asesinatos… no le falta nada. Estamos ante un drama contando desde el humor que nace de la más absoluta desesperación, desde el precipicio, cuando tu vida es una puta mierda, eres consciente de ello y no puedes hacer nada por cambiarlo. Aunque sí, Yuna anhela algo y lucha por ello, “mi más grande esperanza significaba olvidar… olvidar y continuar mejorando hasta llegar a si fuera posible aplastar mi original minusvalía”.

Te gustará el libro si te gustan las novelas que no se limitan a contar sino a recrearse en el proceso de escritura, que dominan recursos que en otras circunstancias quedarían forzados. Historias llenas de humanidad y de inhumanidad, historias comprometidas y denunciantes, historias con profundidad moral, con sentido de la justicia, pero sin abandonar la ironía, el humor sibilino y agonizante de las situaciones desesperadas. Una novela única e inolvidable.

¡Nos vemos en la próxima reseña!

 

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